Atalaya: desde la tela de araña

Cultura en la red, reflexiones, relatos, tutoriales y paridas diversas

How-NOT-to Actualizar ubuntu a la ultimísima versión

2014-07-27 17:39 Esto viene a ser un resumen de como, aparentemente, he borrado todo lo que había en un ordenador que, hasta hace poco, funcionaba (más o menos) perfectamente. Por favor, NO repetir en casa. Ni en el trabajo. Ni en ningún lado.
Empecemos por el principio: actualizamos la placa base del ordenador. Puede, o no, que tenga que ver con lo que viene luego.
Además, es verano. Es hora de probar cosas nuevas y arriesgarse.
Tercero, actualizo muy poco a menudo mis sistemas operativos. Mal por mi parte, pero lo hago en parte para evitar lo que me ha sucedido ahora mismo, está sucediendo, sucederá.
Tras comprobar que con el cambio de placa base todo funcionaba a la perfección, me sale en mi Ubuntu 13.04 el aviso de que no puede actualizar. ¿Por qué diablos? Porque se ha acabado el soporte. Anda. Chungo. Bueno, fácil. Actualicemos
sudo do-release-upgrade
mas hete aquí que no hay espacio suficiente en la partición /boot para meter el nuevo kernel, grub y ficheros asociados.
Primera lección: no hagas una partición /boot exclusiva. Y si lo haces, que sea bien grande, de varios megas

Unas búsquedas en Internet te dicen lo fácil que es, usando gparted, redimensionar la partición. ¿Dónde está gparted? Ah, pues viene con el DVD live/instalación de Ubuntu. Qué bien, pues nos lo bajamos.
Segunda lección: si quieres gparted, bájate un disco de gparted live que no tiene más que gparted. Mejor, ten gparted siempre a mano

Redimensionamos, dejamos espacio de sobra. Pero si lo que queríamos era actualizar y tenemos aquí mismo la actualización, y no a 13.10, sino a 14.04 del tirón. ¡Actualicemos!
Fallo de DVD al instalar.
Tercera lección: los DVDs se merecen ir camino de la extinción. Medio más proclive a fallos no existe. Tercera bis: ten siempre en casa otros medios, como pendrives o SDs, que puedas borrar

Creación de un nuevo DVD, tras varias pruebas. No arranca y no arranca y no se deja arrancar. Ah, pero es que estoy usando la versión escritorio, que es para principiantes. Un veterano como yo debería usar la servidor, claro que sí, porque esa versión instala Linux donde le apetece, borra lo que le apetece, y hace en general lo que le apetece sin que el usuario tenga que preocuparse. Un usuario que no tenga discos en RAID ni el sistema preparticionado ni nada de eso, claro.
Cuarta lección: si tienes algo raro, no uses la instalación más simple

¿Y qué ha pasado con la instalación de red? Pues, en general, nada. DVD bien grabado, todo instalado correctamente. Todo lo poquito que instala, que por no instalar no tiene ni entorno gráfico. Si quieres tener del tirón todo lo que solías tener (porque a estas alturas mi instalación estaba más que borrada) marca unos cuantos paquetes que uses habitualmente, como Firefox o emacs o lo que sea.
Pero el RAID no ha sobrevivido. Puede tener algo que ver, puede que no. Es RAID por software, puede ser que en uno de los rearranques se haya quedado de forma inconsistente, peron o lo parece. Cada vez que se arranca se mete en fsck y cuando sale no encuentra nada en el disco duro salvo un directoro lost+found lleno de cosas. Ahí tiene que haber cosas interesantes, así que no pierdo la esperanza. Pero, por lo pronto, horas y posiblemente algún dato (pocos, porque de casi todo hay copia) perdidos. Y, como siempre, lecciones aprendidas.

[Libro #15] The Last Train to Zona Verde, de Paul Theroux

2014-07-26 18:30 En esta Atalaya somos muy de Theroux desde que leí su primer libro hace más de diez años. Theroux es el escritor de viajes por antonomasia, al menos el que yo daría primero cuando me preguntaran en el Un, dos, tres. Al menos entre los vivos, aunque ahí están todavía Jan Morris y Colm Toibin (del que, por cierto, todavía no he leído nada). Es un escritor viajero a la antigua usanza: se plantea un reto y dedica una parte considerable de su vida a superarlo, meses, años enteros. Eso es lo que me ha gustado de sus libros: sus viajes son tanto experiencia vital, autobiografía, como retratos geográficos.
Todavía no le he perdonado lo del tren de Málaga a Granada, sin embargo, y este libro no lo acabo de encajar bien. Su planteamiento inicial era el contrario de Dark Star Safari (que ha aparecido en el BloJJ, no sé por qué).
Una de las cosas que no encajo es el safari de lujo que se pega en medio de Botswana, porque ha sido invitado y tiene que hablar bien de la lodge de su amigo. El resto es una reflexión extendida sobre el problema africano y su posible solución (ninguna) y sobre el turismo morboso de pobreza.
Su conclusión es desesperanzadora, no sólo para África sino para los que lo seguimos como escritor. Es posible que el último en el título sea, realmente, el definitivo. Tampoco es decepcionante; Theroux no decepciona y siempre merece la pena leerlo, pero desde luego no sería el primero que recomendaría leer a quien no esté familiarizado con el autor.

[Libro #14] Los cuerpos extraños, de Lorenzo Silva

2014-07-05 13:54 Reseñar una novela de Lorenzo Silva no es nunca fácil. Primero, porque como con toda lectura popular cualquier reseña parece superflua. Segundo, porque también sabes que es un gran escritor que ha perfeccionado su fórmula (todo gran escritor la tiene) y que no te va a decepcionar. Pero tercero y más jodido, es que sabes que el maldito se la va a leer y te va a ejercer de metareseñador de la reseña. Así que me lanzo a ello, sabedor de los peligros que conlleva.
Primero y más importante: véase el punto dos arriba. Lorenzo Silva mezcla la fórmula del procedural, del que no hay tantos ejemplos en castellano, que cuando trata de crímenes va más por lo luctuoso o por las aventuras, lo repasa por algo tan carpetovetónico como la Benemérita y le añade el toque noir de la narración en primera persona con crítica social implícita y, a veces, explícita. Todo ello con grandes protagonistas como Bevilacqua, Chamorro, rodeados ahora por una serie de secundarios, jefes, subalternos, jueces y juezas, que parten de arquetipos perfectamente reconocibles (el madero de toda la vida, el jefe capullo, el político corrupto, el juez carcamal) para llegar a personajes que saltan de la página y adquirir vida, una vida impartida con el cariño con el que se les trata, sin que se conviertan en figuras de guiñol a las que se le chilla o jalea según se comporten. No hay cachiporras para estos títeres, simplemente porque no tienen una mano metida por el culo que los maneja a su antojo. Todo ello engancha bien con el canon del procedural. No hay milagros, no hay deus ex machina, no hay epifanías, hay trabajo y tedio y personas. En ese sentido se parece más a los procedurales nórdicos que a los meridionales de Camilleri, pero no resulta tan cargante como (a veces) lo son los primeros. Como en los segundos (y otras novelas meridionales como las de Markaris) los personajes tienen vida, familia, ataduras, se aman, se odian, se preocupan los unos por los otros, bromean y, sobre todo, viven una vida de funcionarios sin más lujo y glamour que el de los coches confiscados a los malos que pueden usar de vez en cuando.
Muchas novelas, si no la mayoría de Lorenzo Silva, son historias de redención. En el episodio anterior de la serie Vila/Chamorro, La Marca del Meridiano, que obtuvo el premio Planeta se redime el propio Vila, un sargento de la guardia civil que, a pesar de los años, sigue anclado en el suboficialato. Y cómodo con ello. Por no espoilear, no digo quién o qué se redime en este episodio, que toma muchos elementos del mito de Orfeo y que parte de algo que, de hecho, apareció en las páginas de los periódicos recientemente: el asesinato de una política, en este libro una alcaldesa de partido indefinido pero claramente identificable de una ciudad indefinida, pero también claramente identificable, del levante español, episodio que recuerda a la muerte de Isabel Carrasco que acontecería, así a ojo de buen cubero, cuando la revisión del último borrador, si no ya directamente durante las galeradas.
Es forzoso comparar esta novela con el resto de las de la serie. A mi me sigue pareciendo la mejor "El alquimista impaciente", pero será por deformación profesional; la más floja, La reina sin espejo. "La marca del meridiano" también me gustó mucho, así que no tengo más remedio que situarla en la tercera del ránking. Pero como en los primeros puestos de la liga, están bastante apretados y cualquiera de los tres es una excelente introducción a la serie. Así que ya la estáis comprando y, cuando asistáis al curso de escritura e Internet que empieza dentro de (gasp) un par de semanas y que todavía está abierto para matrícula, se lo dais para que os lo firme.

[Libro #13] Lost for Words, de Edward St. Aubyn

2014-07-04 20:14 Todo el mundo es un poeta cuando escribe de lo que ama. Esa es una cita totalmente apócrifa, pero cierta. Por eso a los escritores nos gusta escribir sobre escribir. En #slash, entre profesionales, mi última novela, la escritura y los escritores son los verdaderos protagonistas y, hasta cierto punto, también sucede en Gone Girl. ¿Por qué? Porque a todos los escritores nos gusta hablar de nuestro libro (yo acabo de hacerlo, por si no os habéis dado cuenta), como una extensión de nosotros mismos. Es algo que uno conoce bien y no tienes que hacer demasiado esfuerzo creando personajes, porque los conoces, los palpas, los tienes alrededor. ¿Para qué diablos escribir sobre cazadores de ballenas, linotipistas o gobernadores de provincias kazajas? ¿Y lo que uno tiene que empaparse la Wikipedia para todo eso? ¿Y esos nombres tan raros? A hacer puñetas. Escribir sobre escritores, eso sí que mola.
El resultado resulta tan variable como los gustos y las cualidades de los que lo hacen, claro. En esta novela, que gira alrededor de un premio literario que es trasunto del Man Booker, los protagonistas son los miembros del jurado, la mayoría escritores, los escritores, la mayoría de los cuales son, sí, escritores (nótese lo de "la mayoría") y el resto: editores, turiferarios y fanes fatales diversos.
El estilo es divertido, alterna puntos de vista de los diferentes miembros del jurado y de los que participan en la lista larga original y los que son más tarde seleccionados para la lista corta. El resultado es ágil, divertido con ciertos atisbos de erudición literaria que no estorban sino que dan un contrapunto divertido a la tesis del libro: la literatura no existe, existen los libros que se venden.
Todo ello, por supuesto, está cambiando con el auge de la autoedición auspiciado por plataformas como Kindle Direct Publishing. ¿Todavía no has publicado tu propio libro? Todos tenemos un escritor dentro. No tan buenos como Edward St. Aubyn (ni con un nombre de escritor tan guay), pero rasca un poco y lo sacarás. ¿A qué esperas?
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Escribir es postureo (o tomando cerveza en Hamburgo)

2014-06-15 09:28 La escritura es postureo. Y eso no lo digo yo, bueno, yo también, sino Didier, un personaje de "Lost for Words". Tampoco él dice tal cosa. Pero podía haberlo dicho. Didier es postureo por excelencia, impostura. Porque la escritura, el acto físico de escribir, mucho más que leer pretende, en primer lugar y sobre cualquier otra cosa, transmitir un mensaje.
Yo. Estoy. Escribiendo..
Por eso escribo sobre escribir, meta escribo, en vez de mirar alrededor. O hago esto último sólo de vez en cuando para ver si alguien nota mi Acto de Escritura.
No lo notan, igual que no notan como voy consumiendo la pinta de cerveza Astra, no demasiado fría y demasiado carente de tapa. Para el caso, tampoco notan el mapa ya, a estas alturas, con una variedad de costuras y arrugas posibles pero inverosímiles. Ni yo les presto demasiada atención. No sólo porque Estoy Escribiendo.
Varios grupos sentados en mesas alargadas con sus bancas, una mareja mayor, donde mayor tiene un significado flexible y cada vez más concreto: viejo, viejuno como yo. Sí le presto atenció al menda que, subido a lo que podría ser un transformador o elemento de mobiliario urbano con fin indescifrable alterna postureo tumbado con postureo reclinado y en ningún momento durante el tiempo suficiente como para que le saque un buen exie, que sería como un selfie, pero de otra persona.
Tomando el solecico
Parece que finalmente le he pillado, estirado como los lagartos, captando los últimos rayos de sol que se ponen sobre el hotel Alt Hamburg, 22¤ la noche completa, mientras el grupo de cuatro mujeres que rodean un Stonehenge de vasos y botellas de cerveza alineado con el sol poniente se revelan como, sí, mayores. El mundo está lleno de mayores y yo necesito un pretzel. Por la falta de tapa, se entiende (finalmente, esto no está en la libreta, fue un börek). Pero no hay pretzels en el London Pub, de Hamburgo. La semana que viene buscaré el Hamburg Pub en London, que seguramente no tendrá un señor con un mullet en decadencia fumando y bebiendo solo, ni una bandera alemana. Porque hay pubs ingleses e irlandeses por doquier, pero Bierstube pocos fuera de Mallorca. O bares sevillanos "con ambiente de feria", que debe de ser que todo el mundo se comporta como los sevillanos de "8 apellidos vascos" y hay farolillos colgados.
La pareja mayor ha entablado conversación con otra pareja aún más mayor y bastante más colorada. Y otra persona ha ocupado el lugar del señor postureador, con una botella en vez de una lata. El eterno retorno de las personas que posturean y de la gente que fuma, se sienta en escalones y entra en casas que parecen abandonadas. La cerveza se calienta y mi libreta comprada en Lima, Perú, marca Andes Spirit se termina.

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    Esta es la bitácora o blog de Juan Julián Merelo. Si quieres contactar con el autor, usa su correo electrónico jjmerelo (arroba) gmail.com, o simplemente deja un comentario. Y si quieres leer alguna cosa más de las que escribe, prueba esta novela

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