
Me voy de vacaciones a Albacete
¿Qué más? En realidad, todo; cualquier sitio, con la luz adecuada e incluso con temperaturas bajo cero, tiene su belleza. Es simplemente cuestión de buscar el juego de luces y sombras, ir siempre mirando por encima de las caberzas de la gente, y por supuesto dejarse llevar por la entrada a un callejón o por los flujos de gente. ¿Qué lugar no tiene un edificio de los años 20 que se ha librado de la especulación inmobiliaria, una ermita románica con retablo barroco, o una escultura de prócer local, posiblemente a caballo, siendo lentamente destruida por el guano? Albacete tiene todo eso. Y además un gran jamón, queso y vino.
Y es imposible porque la Internet está hecha precisamente para eso, para intercambiar ficheros digitales. Ni siquiera estoy hablando de la web, sino de la Internet en sí. Hace 20 años se intercambiaban ficheros codificándolos en múltiples mensajes de USENET. Por lo que sé, todavía se sigue haciendo. Los ficheros se descargaban de servidores finlandeses usando FTP, o se enviaban codificados en múltiples mensajes de correo electrónico que se decodificaban en el destino. Y estamos hablando de épocas en las que los módems eran de 2400 baudios. En la época de Napster, que sólo permitía intercambiar ficheros con la extensión .mp3, había múltiples e ingeniosas maneras de codificar dentro de un fichero .mp3 lo que, generalmente, era porno. Que era, por cierto, lo que también se descargaba de Usenet y FTP. Ello nos puede llevar a la conclusión de que la Internet es, en realidad, un elaborado mecanismo para que desde los búnkers de la administración americana tras la guerra nuclear puedan seguir descargándose porno (lo he oído en algún sitio, pero lo siento, no lo encuentro ahora mismo), pero también a que es imposible impedir el intercambio de ficheros.
Esta es la bitácora o blog de Juan Julián Merelo. Si quieres contactar con el autor, usa su correo electrónico jjmerelo (arroba) gmail.com, o simplemente deja un comentario. Y si quieres leer alguna cosa más de las que escribe, prueba esta novela